“Con la página web conseguí clientes que nunca imaginé”
Juan Meriño (41 años) es un ejemplo de emprendimiento. Creó su propio negocio de churros en Peñalolén, tiene su página web para promocionar sus productos y logró torcerle la mano a un futuro que en un momento se vio incierto y sin esperanzas. Su vida es una verdadera historia humana, de pérdidas, de luchas internas, de rehabilitaciones y reconciliaciones. Esta es la historia de un hombre que lo perdió todo y lo recuperó todo.
Uno de sus primeros trabajos –cuenta Juan Meriño- fue ofrecer proyectos funerarios por anticipado. No le iba muy bien y necesitaba más ingresos para mantener a la familia. En ese entonces, su señora, Lorena Cavieres, conoció a un peruano que arrendaba una habitación en la casa de sus padres y se dedicaba a la venta de churros. Como Lorena es muy vivaz y observadora, en el transcurso de los meses se dio cuenta del éxito del negocio. Pensó que esa misma idea la podrían replicar con su marido en Peñalolén y le comentó a Juan que podrían intentarlo. “Encontré buena la idea, y nos arriesgamos”, comenta Juan.
Actualmente Juan trabaja en un taller construido en el patio de la casa de sus padres, en Peñalolén, donde dedica horas a la elaboración de cada uno de los variados productos que ofrece, además de los churros – que son su especialidad-, vende cabritas, algodones de azúcar, manzanas y maní confitados al por mayor, entre otros. Desde hace cuatro años está formalizado, tiene la patente al día y la resolución sanitaria, a lo que se suma la experiencia y calidad en lo que ofrece.
Para ser un emprendedor –dice Juan- cada minuto de trabajo vale oro y no sólo para generar utilidades, sino que también para pensar en cómo seguir innovando y evaluar cada paso para seguir creciendo. Y para ello, una de las claves –explica- además de trabajo, es el conocimiento. “Para saber hacer las cosas bien, hay que aprender; y yo prefiero la capacitación que la plata, porque ésta se va, y el conocimiento se queda con uno para siempre”. Donde veía una oportunidad para adquirir más herramientas y aplicarlas correctamente en el negocio, Juan la tomaba. Asistió a cuanto curso y charla ofrecían en la Corporación El Encuentro, Emprender Juntos, Trabajo para un Hermano, hasta que se enteró a través de la Municipalidad de Peñalolén de la Fundación Web, donde postuló en enero de 2006. “Siempre estoy viendo cómo mejorar el negocio y vender más. Cuando supe de esta fundación, que hacía páginas a microempresarios en forma gratuita, me inscribí de inmediato. Me sirvió mucho porque de partida le da un valor agregado a tu negocio, un toque especial. No puedes quedar atrás en el avance tecnológico. Con la página web pude conseguir clientes que nunca imaginé”. Y tampoco imaginó que esta forma tecnológica de promoción lo ayudaría a incrementar sus ventas en un 30% en un año, y trabajar en eventos que por cada uno generaría ingresos que varían desde los 300 a 500 mil pesos.
Lo perdió todo y lo recuperó todo
Su vida en general no ha sido fácil. Algunos temas personales no resueltos a lo largo de los años, detonaron en él vicios que jamás pensó. A los 20 años, Juan no supo cómo se insertó en el oscuro mundo de las drogas y el alcohol. Y no repara en reconocerlo y contarlo. “La vida es un constante emprendimiento, y esa etapa donde perdí por un tiempo el norte, me sirvió para crecer, madurar, y estar donde estoy ahora”.
Juan siempre se ha caracterizado por ser un hombre de trabajo; aunque la droga y el alcohol lo consumieron por dentro, esos vicios no fueron impedimento para seguir emprendiendo. En un comienzo, no tomaba conciencia de su adicción, sin embargo, cuando se dio cuenta que Lorena Cavieres, su señora, lo dejó y se fue de la casa con su hija Alexandra –en ese entonces de cinco años- y con tres meses de embarazo de su hijo Francisco, fue la bomba de tiempo que lo instó a solicitar ayuda. Sabía que estaba enfermo y que lo estaba perdiendo todo. Ahí apareció su madre, dispuesta a apoyarlo.
Comenzó yendo al psicólogo para tomar contacto con lo que nunca quiso reconocer: una especie de cáncer terminal que necesitaba de un tratamiento de especialistas en el tema…y esos especialistas estaban en un centro de rehabilitación de la comuna, la Comunidad Terapéutica Liwen. Fue un año y seis meses de intenso trabajo emocional y voluntad para recuperar lo que había perdido. Y lo consiguió. Hoy más que nunca se siente vivo, y hoy más que nunca está consciente de que lo más sagrado es su familia y respetarse a sí mismo. “Todo lo que hago es por ellos; lo material es para que mis hijos tengan educación y les vaya bien en la vida, pero lo más importante es el amor. Les entrego mucho afecto. Y en mi casa lo que más hay es calor de hogar” destaca Juan.
Proyectos de vida le sobran. Hace dos años arrendó un sitio de 500 metros cuadrados con compromiso de compra, en Peñalolén. Aún están construyendo su casa propia, poco a poco. Aunque falta mucho por hacer –dice Juan- lo más importante ya lo tiene, y no piensa perderlo nuevamente: su familia y la fe en que todo puede volver a empezar.


Domingo, 27 noviembre, 2011 at 14:10
Hola Juan, me encanto tu historia. Sos un ejmplo de vida para todos. Quisiera contactarte porque yo tambien quiero emprender y me cuesta mucho, pero mis churros son excelentes. Espero tu respuesta. Gracias!